Ecoansiedad y entorno urbano
Hablar de ecoansiedad no es hablar de un miedo abstracto ni de una preocupación exagerada por el futuro. Cada vez más personas experimentan un malestar emocional real al tomar conciencia de la crisis climática, del deterioro del entorno y de la sensación de que el mundo avanza en una dirección difícil de sostener. La ecoansiedad aparece cuando esa preocupación deja de ser puntual. Empieza a afectar al descanso, al estado de ánimo o a la forma de estar en el día a día.
El malestar ambiental en el barrio de La Elipa
En barrios como La Elipa, esta ansiedad no se vive solo a través de noticias lejanas o informes científicos. Se vive en lo cotidiano, en lo cercano, en aquello que forma parte del paisaje habitual. Los espacios verdes, los árboles y los parques no son solo elementos decorativos: cumplen una función emocional y reguladora fundamental. Cuando estos espacios se transforman, se reducen o desaparecen, el impacto no es únicamente ambiental. También es psicológico.
En los últimos años, el pinar o bosque de La Elipa ha sido motivo de preocupación vecinal debido a distintas intervenciones urbanísticas y talas de árboles. Este malestar ha sido recogido por distintos medios de comunicación. En un reportaje publicado en elDiario.es, vecinos y asociaciones del barrio denuncian que las obras previstas podrían transformar este espacio natural en un “parque duro”, con mayor peso de infraestructuras y menor preservación del carácter forestal del pinar, lo que supondría la pérdida de uno de los principales pulmones verdes de la zona (De la Cruz, 2024).
Este tipo de situaciones no son neutras desde el punto de vista emocional. Cuando se pierde sombra, verde y continuidad natural, no solo se pierde biodiversidad: se pierde sensación de cuidado, de estabilidad y de futuro. Para muchas personas del barrio, ver cómo cambian los espacios que han formado parte de su vida cotidiana genera tristeza, enfado o impotencia. Esto se intensifica cuando sienten que no hay margen real de participación en las decisiones que afectan a su entorno.

¿Por qué la ecoansiedad afecta más a personas comprometidas?
La ecoansiedad suele aparecer con más fuerza en personas sensibles, conscientes y comprometidas. Personas que se informan, que intentan vivir de forma coherente con sus valores y que sienten un conflicto interno constante entre lo que saben que ocurre y la sensación de que sus acciones individuales no son suficientes. En contextos urbanos como Madrid, esta vivencia se intensifica cuando el entorno inmediato tampoco acompaña.
En zonas como La Elipa, Ascao o Ciudad Lineal, donde el ritmo de vida es acelerado y los espacios de pausa son limitados, la preocupación por el planeta se mezcla con una sensación más amplia de sobrecarga. No es solo miedo al futuro, es cansancio en el presente. La ecoansiedad se convierte entonces en una experiencia compleja, donde se cruzan la conciencia ecológica, la vida urbana y la sensación de no tener dónde descansar del todo.
Es importante decirlo con claridad: preocuparse por el medioambiente es una respuesta sana. La ecoansiedad no surge porque algo funcione mal en la persona, sino porque algo no está funcionando bien en la relación entre las ciudades, las decisiones colectivas y el cuidado de lo común. El problema aparece cuando esta preocupación se vive en soledad, sin espacios para elaborarla y sin reconocimiento emocional.
Acompañar la ecoansiedad desde la psicología
Desde la psicología, acompañar la ecoansiedad no significa invitar a mirar hacia otro lado ni a “relajarse” sin más. Significa ayudar a poner palabras al malestar, a diferenciar lo que está bajo nuestro control de lo que no, y a encontrar formas de cuidar del planeta sin dejar de cuidarse a una misma. La terapia puede convertirse en un espacio donde sostener la preocupación sin quedar atrapada en la angustia.

En El Colibrí Psicología, entendemos la ecoansiedad como una experiencia profundamente ligada al contexto social y ambiental. Acompañamos a personas que sienten este tipo de malestar desde una mirada integradora, teniendo en cuenta tanto el mundo interno como el entorno en el que viven.
Cuidar de la salud mental también es una forma de cuidar el mundo. Porque no se puede sostener un futuro más habitable desde el agotamiento, la culpa o la desconexión emocional. Escuchar lo que esta ansiedad viene a decirnos puede ser el primer paso para relacionarnos de una forma más consciente y sostenible con el planeta… y con nosotras mismas.
Referencias
- De la Cruz, L. (2024, 19 de junio). De un pinar a un parque duro: vecinos de La Elipa denuncian las obras que quieren transformar su principal zona verde. elDiario.es. https://www.eldiario.es/madrid/somos/pinar-parque-duro-vecinos-elipa-denuncian-sobras-quieren-transformar-principal-zona-verde_1_11458620.html
